0
Vivimos en una sociedad donde los avances tecnológicos van al ritmo de la velocidad de la luz. Hoy en día es normal tener Internet, teléfono fijo en casa, móviles, Internet en el móvil, etc. Y nos ofrecen la posibilidad de comunicarnos con quién queramos y en el momento que lo deseemos.

El ejemplo más claro es el de los smartphones, por razones económicas nos es mucho más barato tenerlos y por las ventajas que éstos ofrecen. Aún y así, una herramienta de comunicación de uso puntual que se ha convertido en algo de uso regular.
Estamos constantemente hablando por WhatsApp, publicando cosas en Twitter, hablando por el chat del Facebook, o simplemente no haciendo nada.

Las relaciones sociales se pueden ver afectadas por ello. No tenemos tiempo suficiente para vivir cosas en un día y estarlas contando a medida que pasan. Aún y así la mayor parte del día las pasamos enganchados a los teléfonos, manteniendo conversaciones vacías porque "no hay nada que explicar".

Parece una obligación tener que responder el móvil cada vez que suena, y hacer caso a la chorrada más grande que puedan haberte enviado.
Antes, cuando llamabas por teléfono era porque tenías algo que decir, algo que contar. Ahora el propósito no es contar algo, es hablar con alguien porque sabes que lo vas a encontrar ahí a cualquier hora.

Estamos acostumbrados al ritmo de vida de la comunicación constante, aunque el contenido de ésta sea inútil y totalmente irrelevante en nuestra vida.

En cierto modo, deberíamos recordar que la tecnología es un medio de comunicación por lo tanto el fin es comunicar algo, no al revés.

Publicar un comentario

 
Top